FUNDAMENTO

Según el economista “hereje” chileno Manfred MaxNeef, las necesidades humanas son las mismas en todas las épocas y culturas. Lo que sí cambia de una época a otra (y de una cultura a otra) es la forma de satisfacerlas. Las necesidades identificadas son nueve: subsistencia, protección, entendimiento, participación, ocio, creación, libertad e identidad. La música tiene relación con varias de esas necesidades humanas.

Con la subsistencia, al relacionarse con el descanso y la salud mental.
Con la necesidad de afecto, al sustentar espacios de encuentro, permitir en ellos la expresión de emociones, pilares de la amistad. Con la de entendimiento, al promover la curiosidad, la disciplina y los ámbitos de interacción formativa. Con la del ocio, al justificar el uso del tiempo libre y la realización de espectáculos o acompañar nuestra privacidad.

Con la de Creación, para los que descubren y desarrollan habilidades en el canto, algún instrumento o la danza.
Para con la de libertad, para los que llegan a ser rebeldes y audaces. Y, por último, con la identidad: porque anima los sentimientos de pertenencia y autoestima (en este orden) porque constituye un símbolo, un lenguaje o un valor para determinados grupos, generando ámbito de contención (muy importante en los jóvenes), porque favorece el conocimiento propio y del otro; y porque cumple un rol constituyente en la memoria histórica de los pueblos.

Teniendo en cuenta estos enunciados, LUZ PARA MUNDOS REMOTOS pretende contribuir al desarrollo de la capacidad de audición atenta de la música del mundo, en sus eventuales y oportunos oyentes.

Río Colorado, Río Negro, mayo 2006.

BABATUNDE OLATUNJI- NIGERIA

 

Babatunde Olatunji (1927–2003) nació en Ajilete, Nigeria, y llegó a Estados Unidos en 1950 becado para estudiar administración pública. Al notar el profundo desconocimiento en Occidente sobre las artes africanas, redirigió su camino hacia la percusión para reivindicarla no como un mero acompañamiento folclórico, sino como un lenguaje polirrítmico, sofisticado y espiritual.

 En 1959 editó su emblemático álbum Drum! Drums! Drums! (luego retitulado "Olatunji! Drums of Passion"), un éxito rotundo que sacudió la escena estadounidense. Su propuesta influyó de forma directa en gigantes del jazz como John Coltrane —quien le dedicó el tema "Olatunji"— y sentó las bases tempranas de la world music y el funk, demostrando que la raíz y la vanguardia podían latir al unísono.