Nacida en el barrio porteño de La Boca el 16 de enero de 1896, Rosita Quiroga es una de las figuras más fascinantes y
revolucionarias de la Guardia Vieja del tango. En una época en la que el género
vocal femenino estaba dominado por voces líricas o impostadas que imitaban la
zarzuela, ella irrumpió con la autenticidad cruda de la calle,
el habla barrial y un tono arrabalero que anticipó el estilo confesional de las
grandes cantoras posteriores.
En 1923, se convirtió en la primera artista en grabar un
disco para el sello Víctor en Argentina (inaugurando la mítica serie
de grabaciones eléctricas y acústicas del sello en el país con los temas La tipa y Stnislao).
No solo fue una intérprete dotada de un fraseo único, sino que también
se animó a componer (firmando tangos como Crcl y La musa mistonguera) y fue una de las primeras mujeres
en acompañarse a sí misma con la guitarra en un ambiente
dominado históricamente por hombres.







