FUNDAMENTO

Según el economista “hereje” chileno Manfred MaxNeef, las necesidades humanas son las mismas en todas las épocas y culturas. Lo que sí cambia de una época a otra (y de una cultura a otra) es la forma de satisfacerlas. Las necesidades identificadas son nueve: subsistencia, protección, entendimiento, participación, ocio, creación, libertad e identidad. La música tiene relación con varias de esas necesidades humanas.

Con la subsistencia, al relacionarse con el descanso y la salud mental.
Con la necesidad de afecto, al sustentar espacios de encuentro, permitir en ellos la expresión de emociones, pilares de la amistad. Con la de entendimiento, al promover la curiosidad, la disciplina y los ámbitos de interacción formativa. Con la del ocio, al justificar el uso del tiempo libre y la realización de espectáculos o acompañar nuestra privacidad.

Con la de Creación, para los que descubren y desarrollan habilidades en el canto, algún instrumento o la danza.
Para con la de libertad, para los que llegan a ser rebeldes y audaces. Y, por último, con la identidad: porque anima los sentimientos de pertenencia y autoestima (en este orden) porque constituye un símbolo, un lenguaje o un valor para determinados grupos, generando ámbito de contención (muy importante en los jóvenes), porque favorece el conocimiento propio y del otro; y porque cumple un rol constituyente en la memoria histórica de los pueblos.

Teniendo en cuenta estos enunciados, LUZ PARA MUNDOS REMOTOS pretende contribuir al desarrollo de la capacidad de audición atenta de la música del mundo, en sus eventuales y oportunos oyentes.

Río Colorado, Río Negro, mayo 2006.

EGBERTO GISMONTI-BRASIL

 

Nacido en Carmo, Río de Janeiro (1947), en el seno de una familia de raíces libanesas e italianas, Egberto Gismonti respiró música desde su infancia. Impulsado por un entorno familiar muy musical, comenzó a estudiar piano a los cinco años, dominando más tarde el clarinete, la flauta y la guitarra acústica. Su fascinación por la identidad cultural de su país lo llevó a volcarse de lleno a la música popular, un viaje personal que incluso lo llevó a convivir con los indígenas del Alto Xingu para asimilar las texturas sonoras del Brasil profundo.

Su producción profesional es monumental: ha grabado alrededor de 70 discos, compuesto más de 30 bandas sonoras para cine, teatro y ballet, y su prestigio internacional se consolidó de la mano del selecto sello alemán ECM, editando obras maestras como Dança das cabeças (1976).

El verdadero impacto de Gismonti radica en haber dinamitado las fronteras musicales, ya que logró disolver la división entre la música de concierto (erudita) y la música popular. En su obra conviven armónicamente el folclore brasileño (choro, frevo, samba, lundu), la vanguardia académica europea —tras estudiar en París con la legendaria Nadia Boulanger y Jean Barraqué— y la libertad de improvisación del jazz contemporáneo.

Catalogado por la crítica como uno de los mayores "maestros acústicos" de la historia de la música brasileña, ha colaborado con figuras de la talla de Charlie Haden, Jan Garbarek y Naná Vasconcelos. Su obra ha sido ejecutada en más de 50 países, consolidándolo como un filósofo del sonido que demostró que la música no se divide por géneros, sino por su capacidad de conmover.