Mercedes Sosa operó como una realizadora absoluta de la identidad y la protección. Su garganta no buscaba el aplauso efímero, sino el refugio de los desamparados. Al cantar a los invisibles, a los trabajadores de la tierra y a los poetas silenciados, otorgó protección simbólica a través de la memoria: cantar era, en sus manos, un acto de salvaguarda contra la barbarie del olvido.
Su participación en el movimiento del "Nuevo Cancionero" fue una forma de participación política y social que trascendió la música. Entendió que el entendimiento surge cuando la cultura deja de ser un adorno y se convierte en una herramienta de autoconocimiento.
