FUNDAMENTO

Según el economista “hereje” chileno Manfred MaxNeef, las necesidades humanas son las mismas en todas las épocas y culturas. Lo que sí cambia de una época a otra (y de una cultura a otra) es la forma de satisfacerlas. Las necesidades identificadas son nueve: subsistencia, protección, entendimiento, participación, ocio, creación, libertad e identidad. La música tiene relación con varias de esas necesidades humanas.

Con la subsistencia, al relacionarse con el descanso y la salud mental.
Con la necesidad de afecto, al sustentar espacios de encuentro, permitir en ellos la expresión de emociones, pilares de la amistad. Con la de entendimiento, al promover la curiosidad, la disciplina y los ámbitos de interacción formativa. Con la del ocio, al justificar el uso del tiempo libre y la realización de espectáculos o acompañar nuestra privacidad.

Con la de Creación, para los que descubren y desarrollan habilidades en el canto, algún instrumento o la danza.
Para con la de libertad, para los que llegan a ser rebeldes y audaces. Y, por último, con la identidad: porque anima los sentimientos de pertenencia y autoestima (en este orden) porque constituye un símbolo, un lenguaje o un valor para determinados grupos, generando ámbito de contención (muy importante en los jóvenes), porque favorece el conocimiento propio y del otro; y porque cumple un rol constituyente en la memoria histórica de los pueblos.

Teniendo en cuenta estos enunciados, LUZ PARA MUNDOS REMOTOS pretende contribuir al desarrollo de la capacidad de audición atenta de la música del mundo, en sus eventuales y oportunos oyentes.

Río Colorado, Río Negro, mayo 2006.

MIDORI TAKADA-JAPON

 

Nacida en Tokio en 1951, Midori Takada es una de las figuras más fascinantes y visionarias de la música contemporánea. Formada rigurosamente en la tradición de la música clásica occidental —con incursiones tempranas como solista junto a la Orquesta Sinfónica RIAS de Berlín—, su curiosidad artística trascendió las partituras europeas. Durante los años 70 y 80, Takada viajó y estudió profundamente las tradiciones musicales de África y Asia, fusionando esa polirritmia ancestral con la vanguardia tecnológica de los sintetizadores y la estética del minimalismo.

Su consagración llegó en 1983 con su álbum debut como solista, Through the Looking Glass, una obra maestra grabada casi en solitario donde exploró las fronteras del sonido empleando marimbas, vibráfonos, ocarinas, botellas de vidrio y diversos objetos cotidianos. Aunque su obra estuvo sumergida en el olvido comercial durante décadas, el rescate digital global en la última década la consagró tardíamente como una pionera indiscutida del ambient y la música experimental, influyendo a generaciones enteras de oyentes y creadores alrededor del mundo.