FUNDAMENTO

Según el economista “hereje” chileno Manfred MaxNeef, las necesidades humanas son las mismas en todas las épocas y culturas. Lo que sí cambia de una época a otra (y de una cultura a otra) es la forma de satisfacerlas. Las necesidades identificadas son nueve: subsistencia, protección, entendimiento, participación, ocio, creación, libertad e identidad. La música tiene relación con varias de esas necesidades humanas.

Con la subsistencia, al relacionarse con el descanso y la salud mental.
Con la necesidad de afecto, al sustentar espacios de encuentro, permitir en ellos la expresión de emociones, pilares de la amistad. Con la de entendimiento, al promover la curiosidad, la disciplina y los ámbitos de interacción formativa. Con la del ocio, al justificar el uso del tiempo libre y la realización de espectáculos o acompañar nuestra privacidad.

Con la de Creación, para los que descubren y desarrollan habilidades en el canto, algún instrumento o la danza.
Para con la de libertad, para los que llegan a ser rebeldes y audaces. Y, por último, con la identidad: porque anima los sentimientos de pertenencia y autoestima (en este orden) porque constituye un símbolo, un lenguaje o un valor para determinados grupos, generando ámbito de contención (muy importante en los jóvenes), porque favorece el conocimiento propio y del otro; y porque cumple un rol constituyente en la memoria histórica de los pueblos.

Teniendo en cuenta estos enunciados, LUZ PARA MUNDOS REMOTOS pretende contribuir al desarrollo de la capacidad de audición atenta de la música del mundo, en sus eventuales y oportunos oyentes.

Río Colorado, Río Negro, mayo 2006.

LIU FANG-CHINA

 

Liu Fang (Kunming, Yunnan, China, 1974) es una de las máximas referencias mundiales en la interpretación de la pipa (el laúd chino de cuatro cuerdas) y el guzheng (la tradicional cítara de postes múltiples). Niña prodigio desde los seis años, dio su primer recital como solista a los nueve y, siendo adolescente, llegó a tocar para la reina Isabel II durante una visita oficial a su país. Tras formarse con rigor absoluto en el prestigioso Conservatorio de Música de Shanghái, su carrera dio un giro global cuando se radicó en Montreal, Canadá, a finales de los noventa.

Lejos de anclarse únicamente en la ortodoxia de los repertorios imperiales y folclóricos de China —que domina con una técnica virtuosa y pulida al milímetro—, la búsqueda estética de Liu Fang cruza las fronteras de la tradición oriental para dialogar de igual a igual con la música clásica occidental, la improvisación libre y la vanguardia contemporánea. Ha colaborado con reconocidos cuartetos de cuerdas, orquestas sinfónicas y compositores de todo el mundo, reinterpretando la milenaria expresividad de sus instrumentos bajo una óptica moderna. Su obra demuestra que las músicas del mundo no son piezas de museo relamidas, sino organismos vivos capaces de expandirse y conmover en cualquier latitud.