La unión
entre Patrick Moraz y Bill Bruford a mediados de los años 80 representa uno de
los diálogos más sofisticados y técnicamente exigentes en la historia del rock
experimental y el jazz fusión. Su colaboración se alejó de los grandes
despliegues de producción de sus bandas de origen (como Yes o The Moody Blues)
para centrarse en la pureza de la interpretación acústica y electrónica a dúo.
Tras haber
coincidido brevemente en la formación de Yes durante 1974, la dupla se
reencontró formalmente en 1983. Su propuesta se basó en una premisa
minimalista: explorar las posibilidades rítmicas y armónicas del piano y la
batería, prescindiendo del bajo o la guitarra.
Mientras
Moraz aportaba una formación clásica europea mezclada con una agilidad rítmica
latina, Bruford introducía el uso de baterías electrónicas (Simmons) con una
sensibilidad de jazzista, creando un sonido que era a la vez cerebral y
altamente percusivo.
Sus piezas
alternaban entre la improvisación libre y estructuras rigurosamente compuestas,
desafiando los compases convencionales y explorando polirritmias complejas.
A nivel
personal, la relación entre Moraz y Bruford se caracterizó por un respeto mutuo
basado en la “libertad creativa”. La experiencia humana de este proyecto fue,
en esencia, una conversación. En entrevistas de la época, Bruford destacó que
tocar con Moraz le permitía una agilidad que no encontraba en grupos más
grandes; no había "red de seguridad", lo que los obligaba a mantener
una conexión telepática en el escenario.
