FUNDAMENTO

Según el economista “hereje” chileno Manfred MaxNeef, las necesidades humanas son las mismas en todas las épocas y culturas. Lo que sí cambia de una época a otra (y de una cultura a otra) es la forma de satisfacerlas. Las necesidades identificadas son nueve: subsistencia, protección, entendimiento, participación, ocio, creación, libertad e identidad. La música tiene relación con varias de esas necesidades humanas.

Con la subsistencia, al relacionarse con el descanso y la salud mental.
Con la necesidad de afecto, al sustentar espacios de encuentro, permitir en ellos la expresión de emociones, pilares de la amistad. Con la de entendimiento, al promover la curiosidad, la disciplina y los ámbitos de interacción formativa. Con la del ocio, al justificar el uso del tiempo libre y la realización de espectáculos o acompañar nuestra privacidad.

Con la de Creación, para los que descubren y desarrollan habilidades en el canto, algún instrumento o la danza.
Para con la de libertad, para los que llegan a ser rebeldes y audaces. Y, por último, con la identidad: porque anima los sentimientos de pertenencia y autoestima (en este orden) porque constituye un símbolo, un lenguaje o un valor para determinados grupos, generando ámbito de contención (muy importante en los jóvenes), porque favorece el conocimiento propio y del otro; y porque cumple un rol constituyente en la memoria histórica de los pueblos.

Teniendo en cuenta estos enunciados, LUZ PARA MUNDOS REMOTOS pretende contribuir al desarrollo de la capacidad de audición atenta de la música del mundo, en sus eventuales y oportunos oyentes.

Río Colorado, Río Negro, mayo 2006.

PATRICK MORAZ Y BILL BRUFORD - EUROPA

 

La unión entre Patrick Moraz y Bill Bruford a mediados de los años 80 representa uno de los diálogos más sofisticados y técnicamente exigentes en la historia del rock experimental y el jazz fusión. Su colaboración se alejó de los grandes despliegues de producción de sus bandas de origen (como Yes o The Moody Blues) para centrarse en la pureza de la interpretación acústica y electrónica a dúo.

Tras haber coincidido brevemente en la formación de Yes durante 1974, la dupla se reencontró formalmente en 1983. Su propuesta se basó en una premisa minimalista: explorar las posibilidades rítmicas y armónicas del piano y la batería, prescindiendo del bajo o la guitarra.

Mientras Moraz aportaba una formación clásica europea mezclada con una agilidad rítmica latina, Bruford introducía el uso de baterías electrónicas (Simmons) con una sensibilidad de jazzista, creando un sonido que era a la vez cerebral y altamente percusivo.

Sus piezas alternaban entre la improvisación libre y estructuras rigurosamente compuestas, desafiando los compases convencionales y explorando polirritmias complejas.

A nivel personal, la relación entre Moraz y Bruford se caracterizó por un respeto mutuo basado en la “libertad creativa”. La experiencia humana de este proyecto fue, en esencia, una conversación. En entrevistas de la época, Bruford destacó que tocar con Moraz le permitía una agilidad que no encontraba en grupos más grandes; no había "red de seguridad", lo que los obligaba a mantener una conexión telepática en el escenario.