Nacido
en Carmo, Río de Janeiro (1947), en el seno de una familia de raíces libanesas
e italianas, Egberto Gismonti respiró música desde su infancia. Impulsado por un entorno familiar muy musical, comenzó a estudiar
piano a los cinco años, dominando más tarde el clarinete, la flauta y la
guitarra acústica. Su fascinación por la identidad cultural de su país
lo llevó a volcarse de lleno a la música popular, un viaje personal que incluso
lo llevó a convivir con los indígenas del Alto Xingu para asimilar las texturas
sonoras del Brasil profundo.
Su producción profesional es monumental: ha grabado alrededor de 70
discos, compuesto más de 30 bandas sonoras para cine, teatro y ballet, y su
prestigio internacional se consolidó de la mano del selecto sello alemán ECM, editando obras maestras como Dança das cabeças (1976).
El verdadero impacto de Gismonti radica en haber dinamitado las
fronteras musicales, ya que logró disolver la división
entre la música de concierto (erudita) y la música popular. En su obra conviven armónicamente el folclore brasileño (choro,
frevo, samba, lundu), la vanguardia académica europea —tras estudiar en París
con la legendaria Nadia Boulanger y Jean Barraqué— y la libertad de
improvisación del jazz contemporáneo.
Catalogado por la crítica como uno de los mayores "maestros acústicos" de la historia de la música brasileña, ha colaborado con figuras de la talla de Charlie Haden, Jan Garbarek y Naná Vasconcelos. Su obra ha sido ejecutada en más de 50 países, consolidándolo como un filósofo del sonido que demostró que la música no se divide por géneros, sino por su capacidad de conmover.







