FUNDAMENTO

Según el economista “hereje” chileno Manfred MaxNeef, las necesidades humanas son las mismas en todas las épocas y culturas. Lo que sí cambia de una época a otra (y de una cultura a otra) es la forma de satisfacerlas. Las necesidades identificadas son nueve: subsistencia, protección, entendimiento, participación, ocio, creación, libertad e identidad. La música tiene relación con varias de esas necesidades humanas.

Con la subsistencia, al relacionarse con el descanso y la salud mental.
Con la necesidad de afecto, al sustentar espacios de encuentro, permitir en ellos la expresión de emociones, pilares de la amistad. Con la de entendimiento, al promover la curiosidad, la disciplina y los ámbitos de interacción formativa. Con la del ocio, al justificar el uso del tiempo libre y la realización de espectáculos o acompañar nuestra privacidad.

Con la de Creación, para los que descubren y desarrollan habilidades en el canto, algún instrumento o la danza.
Para con la de libertad, para los que llegan a ser rebeldes y audaces. Y, por último, con la identidad: porque anima los sentimientos de pertenencia y autoestima (en este orden) porque constituye un símbolo, un lenguaje o un valor para determinados grupos, generando ámbito de contención (muy importante en los jóvenes), porque favorece el conocimiento propio y del otro; y porque cumple un rol constituyente en la memoria histórica de los pueblos.

Teniendo en cuenta estos enunciados, LUZ PARA MUNDOS REMOTOS pretende contribuir al desarrollo de la capacidad de audición atenta de la música del mundo, en sus eventuales y oportunos oyentes.

Río Colorado, Río Negro, mayo 2006.

HILDEGARD VON BINGEN-ALEMANIA

 

Hildegard von Bingen (1098–1179) fue una abadesa, mística y polímata alemana, considerada una de las figuras intelectuales más portentosas de la Edad Media y la primera compositora de nombre conocido en la historia occidental. Desde su monasterio, transformó sus visiones místicas en una obra musical monumental —la Symphonia armonie celestium revelationum— bajo la premisa de que el canto es el eco del paraíso que el alma recupera.

Su relevancia artística radica en la audacia de su lenguaje sonoro: rompió con las estructuras rígidas del canto gregoriano mediante saltos melódicos amplios, expresividad poética y registros ideados para las voces femeninas de su comunidad. Su música sigue vigente porque logró fundir el rigor litúrgico con una libertad creativa inusual para su época.


RABBIH ABU KHALIL-LIBANO

 

Nacido en Beirut, Líbano, en 1957, Rabih Abou-Khalil es uno de los compositores y virtuosos del oud (el laúd árabe tradicional de caja abombada y sin trastes) más influyentes y singulares de nuestro tiempo. Forjado en el crisol cultural de una Beirut cosmopolita y obligado a exiliarse en Europa a finales de los años 70 a causa de la guerra civil en su país, instaló su residencia principal en Múnich.

Su búsqueda estética rechaza los clichés de la llamada "música del mundo" comercial y el academicismo rígido. Abou-Khalil construye un puente sonoro fascinante donde las complejas microtonalidades y los compases irregulares de la tradición modal árabe se entrelazan con la libertad improvisatoria del jazz contemporáneo, la música de cámara europea y elementos de raíz mediterránea. Lejos de un pastiche decorativo, su obra propone un diálogo simétrico e igualitario entre culturas: en sus formaciones conviven de manera natural el oud con el acordeón europeo, el contrabajo de jazz, la flauta traversa y percusiones de diversas latitudes. Es un artista esencial para entender cómo la música instrumental global puede trascender las fronteras geográficas sin renunciar a la profundidad de sus raíces ancestrales.

MIDORI TAKADA-JAPON

 

Nacida en Tokio en 1951, Midori Takada es una de las figuras más fascinantes y visionarias de la música contemporánea. Formada rigurosamente en la tradición de la música clásica occidental —con incursiones tempranas como solista junto a la Orquesta Sinfónica RIAS de Berlín—, su curiosidad artística trascendió las partituras europeas. Durante los años 70 y 80, Takada viajó y estudió profundamente las tradiciones musicales de África y Asia, fusionando esa polirritmia ancestral con la vanguardia tecnológica de los sintetizadores y la estética del minimalismo.

Su consagración llegó en 1983 con su álbum debut como solista, Through the Looking Glass, una obra maestra grabada casi en solitario donde exploró las fronteras del sonido empleando marimbas, vibráfonos, ocarinas, botellas de vidrio y diversos objetos cotidianos. Aunque su obra estuvo sumergida en el olvido comercial durante décadas, el rescate digital global en la última década la consagró tardíamente como una pionera indiscutida del ambient y la música experimental, influyendo a generaciones enteras de oyentes y creadores alrededor del mundo.

LIU FANG-CHINA

 

Liu Fang (Kunming, Yunnan, China, 1974) es una de las máximas referencias mundiales en la interpretación de la pipa (el laúd chino de cuatro cuerdas) y el guzheng (la tradicional cítara de postes múltiples). Niña prodigio desde los seis años, dio su primer recital como solista a los nueve y, siendo adolescente, llegó a tocar para la reina Isabel II durante una visita oficial a su país. Tras formarse con rigor absoluto en el prestigioso Conservatorio de Música de Shanghái, su carrera dio un giro global cuando se radicó en Montreal, Canadá, a finales de los noventa.

Lejos de anclarse únicamente en la ortodoxia de los repertorios imperiales y folclóricos de China —que domina con una técnica virtuosa y pulida al milímetro—, la búsqueda estética de Liu Fang cruza las fronteras de la tradición oriental para dialogar de igual a igual con la música clásica occidental, la improvisación libre y la vanguardia contemporánea. Ha colaborado con reconocidos cuartetos de cuerdas, orquestas sinfónicas y compositores de todo el mundo, reinterpretando la milenaria expresividad de sus instrumentos bajo una óptica moderna. Su obra demuestra que las músicas del mundo no son piezas de museo relamidas, sino organismos vivos capaces de expandirse y conmover en cualquier latitud.

ARTO TUNCBPYACIYAN-TURQUIA

 

Arto Tunçboyacıyan es un multiinstrumentista, vocalista y compositor de ascendencia armenia nacido en Estambul, Turquía, en 1957. Su figura es fundamental para entender la evolución de las músicas de raíz de Anatolia y el Cáucaso, cruzadas de forma audaz con el jazz contemporáneo y la vanguardia.

Lejos de encasillarse en los moldes académicos, la búsqueda estética de Arto se ancla en la idea de que la música es un lenguaje humano universal que trasciende fronteras geopolíticas. Domina la percusión con un enfoque profundamente orgánico y personal, utilizando tanto instrumentos tradicionales —como el bular o el sazabo— como objetos cotidianos y su propia voz, que maneja más como un instrumento de texturas y lamentos que como un vehículo de letras estrictas.

A lo largo de su trayectoria ha colaborado con luminarias del jazz y el folk global como Al Di Meola, Joe Zawinul y Paul Winter, y ha dejado su huella en proyectos de enorme repercusión como el cuarteto instrumental Night Ark y el proyecto experimental Serart (junto a Serj Tankian de System of a Down). Sin embargo, su proyecto más emblemático es la Armenian Navy Band, una agrupación con la que reinterpreta la música popular armenia desde una óptica libre, urbana y rupturista —una ironía poética, dado que Armenia es un país sin salida al mar—. Escuchar a Arto Tunçboyacıyan es adentrarse en un territorio donde la memoria ancestral respira al ritmo de la improvisación más absoluta.


SONA JOBARTEH-GAMBIA (AFRICA OCCIDENTAL)

 

Sona Jobarteh es una compositora, cantante y virtuosa multiinstrumentista nacida en Londres pero con profundas raíces en Gambia. Su figura representa un hito histórico fundamental en la música de raíz africana: es la primera mujer en romper una tradición ancestral de más de siete siglos para convertirse en una intérprete profesional de la kora, el arpa-laúd de 21 cuerdas de África Occidental.

Proviene de una de las familias de griots (historiadores y músicos tradicionales) más respetadas de Gambia, los Jobarteh —siendo nieta del legendario Amadu Bansang Jobarteh y prima del célebre koralista Toumani Diabaté—. Tradicionalmente, el conocimiento y la ejecución de la kora se transmitían exclusivamente de padres a hijos varones dentro de estos linajes cerrados. Al romper ese estricto veto patriarcal, Sona no sólo abrió un camino inédito para las mujeres en la música mandinga, sino que asumió la responsabilidad de preservar el legado cultural adaptándolo a los tiempos modernos.

Su propuesta artística cruza puentes entre el pasado y el presente. Por un lado, domina con maestría absoluta la kora y las melodías pentatónicas de la herencia mandinga; por el otro, dialoga con fluidez con el jazz, el pop contemporáneo y los arreglos orquestales occidentales (habiendo estudiado composición clásica y violonchelo en el prestigioso Royal College of Music de Londres).

GANGBE BRASS BAND-BENIN

 

Originaria de Cotonú, Benín, Gangbé Brass Band es una de las formaciones más singulares de la música africana contemporánea. Nacidos en la década de 1990, su propuesta artística cruza un puente sonoro audaz: por un lado, rescatan la tradición ancestral de los ritmos y cantos de los rituales vudú de los pueblos del golfo de Guinea y las fanfarrias militares coloniales; por el otro, incorporan la improvisación y la libertad armónica del jazz.

El término "Gangbé" significa literalmente "el sonido del metal" en lengua fon, una alusión directa al protagonismo de los instrumentos de viento-metal y la percusión ceremonial (como los tambores gbé). Lejos de buscar una estilización moderna occidentalizada, la banda utiliza la trompeta, el trombón, la tuba y la percusión para revitalizar la música de raíz, cantando en lenguas locales como el fon y el yoruba. Son culturalmente relevantes porque lograron descentralizar la música de metales de Nueva Orleans, demostrando que el espíritu de las brass bands también late con fuerza en África Occidental, convirtiéndose en embajadores globales de la identidad y la resistencia cultural de Benín.

DHAFER YOUSSEF- TUNEZ

 

Nacido en Tebourba, un pequeño pueblo de Túnez, Dhafer Youssef es uno de los compositores, vocalistas y virtuosos del laúd (oud) más singulares de la música contemporánea global. Su recorrido vital y artístico comenzó en los cafés y ceremonias sufíes de su infancia tunecina, cruzó el Mediterráneo hacia Europa —con una estancia clave en Viena— y lo consolidó como un puente ineludible entre la tradición modal oriental y la libertad expansiva del jazz moderno.

 Lejos de los purismos académicos o las fusiones comerciales superficiales, Youssef ha construido un lenguaje propio donde el oud deja de ser un mero artefacto folclórico para convertirse en un instrumento de vanguardia. Su voz, que transita con naturalidad desde los falsetes más sutiles y desgarradores hasta la imitación instrumental, funciona como un mantra que dialoga con gigantes del jazz contemporáneo (como Nils Petter Molvær, Eivind Aarset o Tigran Hamasyan). Su búsqueda estética explora el espacio, el silencio y la espiritualidad laica, logrando que la complejidad rítmica de Oriente Medio conviva con la textura abstracta de la improvisación escandinava.

BABATUNDE OLATUNJI- NIGERIA

 

Babatunde Olatunji (1927–2003) nació en Ajilete, Nigeria, y llegó a Estados Unidos en 1950 becado para estudiar administración pública. Al notar el profundo desconocimiento en Occidente sobre las artes africanas, redirigió su camino hacia la percusión para reivindicarla no como un mero acompañamiento folclórico, sino como un lenguaje polirrítmico, sofisticado y espiritual.

 En 1959 editó su emblemático álbum Drum! Drums! Drums! (luego retitulado "Olatunji! Drums of Passion"), un éxito rotundo que sacudió la escena estadounidense. Su propuesta influyó de forma directa en gigantes del jazz como John Coltrane —quien le dedicó el tema "Olatunji"— y sentó las bases tempranas de la world music y el funk, demostrando que la raíz y la vanguardia podían latir al unísono.


ZAIDA SAIACE-ARGENTINA

Pianista, compositora y docente nacida en Buenos Aires, Zaida Saiace representa una de las voces más lúcidas a la hora de expandir las fronteras estéticas de la música argentina de cámara y de raíz urbana. Su formación formal se consolidó en el Conservatorio Juan José Castro de La Lucila, donde se recibió de Profesora Superior de Piano, completando su mapa teórico con el estudio de armonía y contrapunto junto a Sergio Hualpa, y análisis musical con Francisco Kröpfl.

 Lejos de encasillarse en la ortodoxia clásica, Saiace construyó una búsqueda artística donde el piano dialoga de igual a igual con las texturas contemporáneas, la improvisación y los desplazamientos rítmicos del tango de vanguardia. Su trabajo junto al contrabajista Fernando Galimany, sostenido ininterrumpidamente desde 1999, sintetiza esa pulsión camarística que cruza continentes y repertorios —desde versiones singulares de la obra de Chick Corea hasta composiciones propias como Nostalgias, Tango para Cuatro o su aclamado álbum La persistencia (Round Tango Novelle). Su relevancia radica en esa capacidad única para dotar al instrumento de una densidad reflexiva, donde cada acorde funciona como un territorio de escucha atenta, un puente entre el rigor académico y la memoria popular. 

SOEMA MONTENEGRO-ARGENTINA

 

Nacida en Gregorio de Laferrère, en la zona oeste del Gran Buenos Aires, Soema Montenegro es una de las compositoras, cantantes e investigadoras de la voz más singulares de la música popular contemporánea de Sudamérica. Su recorrido artístico comenzó a consolidarse a principios de los 2000 —participando en colectivos junto a figuras como Susy Shock y fundando el trío de improvisación vocal Adivina— hasta lanzar su proyecto solista.

 Lejos de encasillarse en el folklore tradicional, la búsqueda de Soema funciona como un puente estético entre lo urbano y los sonidos profundos de la selva y la montaña. Su obra entrelaza el simbolismo de las tradiciones originarias con una impronta experimental. En discos clave como Uno Una Uno, Passionaria, Ave del Cielo, Camino a la Templanza y Círculo Radiante, su voz dialoga con instrumentos acústicos, texturas electrónicas sutiles y paisajes sonoros donde conviven el canto nativo, la copla, los ritmos latinoamericanos y la poesía de autor. Es considerada una verdadera "poeta-shaman" de la canción, cuya relevancia radica en su capacidad de renovar el folclore mediante la investigación de la voz como territorio geográfico, político y humano.

ROSITA QUIROGA-ARGENTINA

 

Nacida en el barrio porteño de La Boca el 16 de enero de 1896, Rosita Quiroga es una de las figuras más fascinantes y revolucionarias de la Guardia Vieja del tango. En una época en la que el género vocal femenino estaba dominado por voces líricas o impostadas que imitaban la zarzuela, ella irrumpió con la autenticidad cruda de la calle, el habla barrial y un tono arrabalero que anticipó el estilo confesional de las grandes cantoras posteriores.

En 1923, se convirtió en la primera artista en grabar un disco para el sello Víctor en Argentina (inaugurando la mítica serie de grabaciones eléctricas y acústicas del sello en el país con los temas La tipa y Stnislao).

No solo fue una intérprete dotada de un fraseo único, sino que también se animó a componer (firmando tangos como Crcl y La musa mistonguera) y fue una de las primeras mujeres en acompañarse a sí misma con la guitarra en un ambiente dominado históricamente por hombres.

 Su búsqueda estética rescató el lunfardo sin caer en la caricatura, dándole voz a los sectores marginales y obreros de Buenos Aires con una sensibilidad moderna y descarnada. Rosita Quiroga no cantaba al tango: lo vivía, lo respiraba y lo transformaba en un documento social de su tiempo.

MERCEDES SOSA-ARGENTINA


 Hay voces que no pertenecen al tiempo cronológico, sino a la geografía profunda de los pueblos. Mercedes Sosa (1935-2009) , "la Negra", fue más que una intérprete; fue una cartografía viviente donde América Latina encontró su reflejo más honesto. Su arte, surgido de la tierra tucumana, no solo fue un ejercicio de belleza, sino una respuesta fundamental a las necesidades humanas más urgentes.

 Mercedes Sosa operó como una realizadora absoluta de la identidad y la protección. Su garganta no buscaba el aplauso efímero, sino el refugio de los desamparados. Al cantar a los invisibles, a los trabajadores de la tierra y a los poetas silenciados, otorgó protección simbólica a través de la memoria: cantar era, en sus manos, un acto de salvaguarda contra la barbarie del olvido.

 Su participación en el movimiento del "Nuevo Cancionero" fue una forma de participación política y social que trascendió la música. Entendió que el entendimiento surge cuando la cultura deja de ser un adorno y se convierte en una herramienta de autoconocimiento.

 

MARIA SUAREZ-ARGENTINA

 

La trayectoria de María Suárez es un puente luminoso entre la rigorosa arquitectura de la música académica y la respiración honda de la raíz popular. Nacida en La Plata y radicada desde hace años en la Patagonia —en el territorio de los vientos y los horizontes lejanos—, su obra se desplaza con naturalidad entre la composición sinfónica, coral, de cámara y el canto intimista.

Formada en los conservatorios de su ciudad natal y perfeccionada en la guitarra jazz junto a maestros como Walter Malosetti, así como en los cantos de raíz afroamericana y andina, su catálogo de creaciones abarca desde delicados ciclos de canciones como Río Madre, Fabulario y Respiraluz, hasta complejas piezas para organismos como la Orquesta Sinfónica Nacional "Juan de Dios Filiberto" y la Filarmónica de Río Negro.

Su pluma conceptual no teme abrazar causas urgentes: ha compuesto obras profundamente conmovedoras como la ópera inclusiva Secretos del árbol —que interpela los prejuicios sobre la discapacidad y los cánones de belleza de la sociedad— y ha sido galardonada internacionalmente por piezas como Kushe Papai, un homenaje poético al linaje y la memoria de las abuelas mapuches. La música de María Suárez es, en definitiva, un territorio donde la tierra patagónica se vuelve partitura y la belleza opera como una resistencia íntima frente al vértigo del mundo moderno.

ENRIQUE MONO VILLEGAS-ARGENTINA

 

No fue simplemente un pianista de jazz en el sur del mundo; fue el arquitecto de una libertad sin concesiones, un náufrago lúcido que encontró en el teclado un territorio soberano cuando los mapas de la industria exigían obediencia y folclores de postal.

Nacido en Buenos Aires en 1913, criado sin más brújula que el asombro y una temprana vocación absoluta, Villegas entendió desde niño que el arte no transa. Su formación clásica junto al maestro Alberto Williams y su devoción temprana por Maurice Ravel convivieron de forma natural con los abismos armónicos de Art Tatum y el pulso vital de Duke Ellington. Cuando pisó los estudios de la Columbia en Nueva York o recorrió los escenarios del mundo, prefirió romper contratos y tolerar el exilio antes que encorsetar su talento en los clichés tropicales o comerciales que el norte global le imponía a los sudamericanos. Como él mismo sostenía con fina ironía —cuando le preguntaban por su apodo—, tal vez lo llamaban «Mono» porque era de los pocos que lograba imitar con dignidad a los verdaderos seres humanos.

Su intransigencia ética —esa negativa rotunda a ceder su autonomía artística frente al poder económico— resuena hoy como una luz intermitente para los mundos remotos, recordándonos que la dignidad es la única partitura que no admite variaciones por encargo.